El Pla de Palau de Barcelona, o «Plaza Palacio», se encuentra junto al mar, antes de la Estación de Francia. Hoy es una plaza amplia, con uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad, el 7 Portes, y que tiene en frente la Lonja de Mar. Con todo, en una ciudad que estuvo amurallada hasta mediados del siglo XIX, llama la atención un espacio diáfano tan grande: ¿qué había antes allí?
En aquel lugar se levantaba el Palacio del Virrey, también conocido como Hala dels Draps y Palacio Real: un edificio que desapareció y permitió este espacio tan abierto. Dicho palacio nada tiene que ver con el de la Virreina de Las Ramblas, construido entre 1772 y 1778 y que recibe el nombre de la esposa del virrey del Perú Manuel de Amat, María Francesca de Fiveller.
El origen del Palacio del Virrey está en la Edad Media. La parte más antigua del palacio era lo que se conocía como Hala dels Draps, o «sala de los paños». Era un gran edificio que funcionaba como almacén y lonja de tejidos, crucial para el comercio de la ciudad. Estamos hablando de una época donde el comercio marítimo estaba en pleno esplendor. Con el paso de los años el edificio se reconvirtió, dejando de ser una lonja o almacén de paños.
Cuando los reyes de la Corona de Aragón decidieron establecerse en Barcelona y allí establecer la sede real, aquel lugar se convirtió en palacio. Otro era el que se conoce como Palacio Real Mayor, que está ubicado en la actual Plaza del Rey. Este está formado por el Salón del Tinell, la Capilla Palatina de Santa Ágata, el Palacio del Lugarteniente y el Mirador del Rey Martín.
A partir del siglo XVI, al institucionalizarse la figura del virrey de Cataluña, el edificio fue adaptado y se le dio el uso que le otorgaría su nombre. Es decir, pasó a conocerse como Palacio del Virrey. El primer virrey fue Antonio de Zúñiga (1523-1525), nombrado por Carlos I; siendo el último Juan Gaspar Enríquez de Cabrera (1678-1688), duque de Medina de Rioseco.
Durante el reinado de los Austrias y los Borbones aquel palacio se convirtió en el epicentro de la administración y la autoridad militar en Cataluña. Allí se recibía a los embajadores, se celebraban grandes ceremonias y también es donde los ciudadanos se manifestaban para protestar contra las políticas que se llevaban a cabo.
La toma de posesión del cargo era la ceremonia más importante. El nuevo Virrey, representante del Rey de España, llegaba a la ciudad y realizaba un juramento solemne para respetar las Constituciones y los privilegios de Cataluña ante las instituciones catalanas. Estos actos protocolarios se celebraban en el palacio y eran fundamentales para legitimar su autoridad en el territorio foral. En 1700 el palacio sirvió de residencia por primera vez para Felipe V al inicio de su reinado.
El Palacio del Virrey, a pesar de lo que hemos dicho, que tiene su origen medieval, fue objeto de continuas reformas y embellecimientos a lo largo de los siglos XVII y XVIII, para adecuarlo a los gustos y las necesidades de cada época. Después de la guerra de sucesión (1701-1714), el palacio experimentó una importante remodelación, quedando integrado en la arquitectura cortesana de la época. Se añadieron elementos barrocos y neoclásicos, buscando la simetría, la sobriedad y la grandiosidad propias del poder real.
El Palacio del Virrey se caracterizaba por su gran tamaño, su fachada imponente sobre la plaza y sus amplios interiores, diseñados para la vida cortesana. Su ubicación privilegiada, frente al mar y el puerto, no solo era estratégica, sino también simbólica. Representaba el dominio de la Corona sobre el comercio y la comunicación marítima. El final del Palacio llegó de la manera más dramática y repentina posible, dejando un vacío físico y simbólico en el paisaje de Barcelona.
El 2 de diciembre de 1875, un devastador incendio se desató en el palacio. El fuego se propagó con rapidez y voracidad, avivado por la madera de las estructuras internas y la falta de medios eficaces para combatirlo en ese momento. A pesar de los esfuerzos, el incendio fue incontrolable y el palacio quedó prácticamente destruido. El gobierno consideró que el conste de la reconstrucción era excesivo. A esto debemos añadir que la figura de virrey ya no existía y una residencia real en Barcelona no era prioritaria. Por ello se decidió no reconstruir el palacio.
Se retiraron los escombros y aquel extenso terreno se utilizó para ampliar y regular la Plaza Palacio -Pla de Palau en catalán-. Por eso esta zona de Barcelona es tan amplia. Durante décadas el solar vacío fue un recuerdo del esplendor perdido. Con el tiempo se construyó la Estación de Francia (1926-1929), que sustituyó a la anterior, conocida como estación de Granollers o Barcelona, construida en 1854.
Se salvó del fuego la Lonja de Mar. También la zona quedó ampliada con el derribo del Portal del Mar en 1959. En 1928 allí se construyó la Escuela de Náutica (1928). Quedó en pie la Antigua Aduana de Barcelona, un edificio construido entre 1790 a 1792, que luego fue delegación del gobierno.


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